Al principio fueron parajes agorafóbicos.
Flora y Fauna nos desterraron
a la inclemencia de un Destino sin nombre
que profanamos con mordiscos
de piedra, fuego, bronce, hierro, acero, pólvora, óxido, radiación.
Teníamos hambre de Libertad, proclamamos.
Así que forjamos nuestras propias cadenas.
Edificamos nuestros propios barrotes.
Hoy recorremos pozos de hormigón,
arrastrando cables con estruendo, humo y podredumbre.
Nos resguardamos en celdas limítrofes a un Cielo sin Dios
mientras tragamos, no importa qué, no importa cómo.
Pero lo queremos todo.
Y sólo es otra forma de morir.
ESTE MUNDO
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DESAMOR
EL VIENTO EMPIEZA A SOPLAR
Pensarás que soy una cobarde
Porque huyo en vez de esperar
Pero es que más temprano que tarde
Sé que comenzaré a llorar
Y aunque no pretendí hacer alarde
De tener una gran voluntad
No me exijas que intente quedarme
Y ver a la fe agonizar
No me pidas que luche y me guarde
De buscar al pasado y soñar
Porque muerto el amor no hay baluarte
Que el esfuerzo pueda levantar
Y ahora sólo debo resignarme
Aceptar que se acerca el final
Sé que aún quedan rescoldos que arden
Pero el viento empieza a soplar
Pensarás que soy una cobarde
Porque huyo en vez de esperar
Sé que aún quedan rescoldos que arden
Pero el viento empieza a soplar
EL PRESAGIO DE LA NADA
Recuerdo las noches
noches desveladas por una pesadilla incierta
Todas las noches en las que tuve el miedo reverencial
a perderte
a no haberte tenido
a que tú no fueras nada en mi vida
ni un acierto, ni un error
Como el sueño truncado en despertar
que aquellas noches no se me concedió
Eran noches de tragedia latente
Noches mentirosas, con pena e ira
Y el deseo
Siempre el deseo
De que tú también tuvieras miedo
Por mí
Porque yo me sentía tan poco
Porque yo te sentía tanto
Te había dado todo
Con los ojos cerrados
Con los brazos abiertos
Y sobrevino la espera
¿Reirías por mí?
¿Llorarías por mí?
¿Lucharías por mí?
¿O sólo tendría el estupor
de quien no aguarda?
En mi miedo
Todo era posible
Y hoy es recuerdo
¿Lo recuerdo? Sí
La maldita noche
En la que tú tuviste miedo
Miedo
a perderme
a no haberme tenido
a que yo no fuera nada en tu vida
ni un acierto, ni un error
Como el azar del loco que adivina un atisbo de lucidez
Sin compasión ni esperanza
Cuando cayó una sóla lágrima de tu ojo ciego
Cuando me la mostraste con los brazos indefensos
Cuando esperaste
Ya era tarde
Porque el miedo sólo es
el presagio de la nada
Y lo recordaremos siempre
Así sellamos el final
A RAS DEL SUELO
¿Por qué siempre se ha ensalzado,
en la noche sin estrella,
el padecer del pretendiente,
alegre amor valiente
para la cruel damisela,
causa del dormitar desvelado?
Porque es una muerte sublime
la condición de quien entrega
su adoración ciega,
y el pecado redime.
¿Por qué siempre se ha olvidado,
en el día sin huella,
el padecer del remitente,
triste amor ausente
para un fiel centinela,
causa del despertar desdichado?
Porque es una vida horrible,
la condición de quien reniega
la esperanza nueva,
y al corazón oprime.
Merecen un poema
las personas enfermas
que al amor no esperan;
cuyas almas huecas
viven, mueren, sueñan,
pero nunca vuelan.
A ras del suelo.
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MENTIRA
IMAGINA
Te creo, te fías.
Promesa, profecía.
Tapad, tapad,
se enfría.
Imagina y será.
Harapos y heridas,
corremos cortinas.
Tapad, tapad,
se enfría.
Imagina y será.
Te enredo, me lías.
Apología, herejía.
Tapad, tapad,
se enfría.
Imagina y será.
Realidades raídas,
urdimos mentiras.
Tapad, tapad,
se enfría.
Imagina y será.
CONJURO
La magia tiene un final;
Lo real lo presagia.
Trama siempre, en su tapiz
el matiz de sus mentiras.
Mira bien lo que dibuja:
son agujas en la cama
Surja así, de la nada
el hada no, la bruja.
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KARMA
PIEDAD
Qué soberbia he llegado a ser.
Qué egoísta, qué mezquina, no lo sé.
No diré:
"Por Dios, perdóname"
Porque yo no puedo perdonarme.
Contigo fui irresponsable.
Me he torcido para descender
de rodillas inclinada a tus pies.
No diré:
"Por Dios, libérame"
Porque yo no puedo liberarme.
Sí, soy culpable.
Baja la cabeza tú también.
Sólo agáchate para llegarme a ver.
Mírame
a los ojos otra vez.
Y tal vez así pueda salvarme.
Conmigo seré implacable.
JUSTICIA
Me tatué en la espalda tu sombra,
y me diste una puñalada.
Tu traición fue ayer mi abismo.
Requerías el verme caer,
aunque a tí ya me hubiese rendido.
Si tan sólo lo hubieras pedido...
Pero siempre anhelaste el poder.
Y arrastrándome, supe crecer,
desde el cieno hasta el cielo querido.
Cuántas cosas hubieras tenido...
Sin embargo, luchaste a perder.
Me he tatuado en la frente una alondra,
he aferrado con fuerza una espada.
Tu traición será hoy mi bautismo.
VENGANZA
La mentira es tu impunidad
Pero vas a recordar
que tu error, tu pecado, tu delito
traza el camino sencillo
tan cómodo, rápido y fácil
que carece de retorno
Y yo te seguiré
Y yo te esperaré
Viva o muerta
Como la mácula nítida
Que opaca tus días
Enturbiando cada paso hacia adelante
Amedrentando al futuro incierto
velado por las sombras de tu pasado embustero
Eres una entelequia delirada por mi odio febril
al borde de un abismo sin fondo
Sólo puedes tropezar y caer
esconderte en un sepulcro
Que yo estaré ahí
Reptando como una soga por tu cuello
Atenazando el más débil sollozo
Percutiendo tu sangre a relámpagos
Las Erinias enmudecerán subyugadas
Porque yo voy a ser tu aullido
El estrépito que desgarrará tus entrañas
desde tu boca y hacia tus oídos
Puedes cerrar los ojos, negar la luz
Puedes correr a donde te plazca
Puedes ensordecerte y olvidar la voz
Pero mi grito te zarandeará mientras tengas huesos
Y ya nunca volverás a soñar
Sino mi venganza
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SEXO
EL CIRCO DEL AMOR
Pasen y vean,
damas y caballeros,
rameras y fuleros,
el circo del amor.
Abracen la compañía,
olviden la soledad.
Entréguense a la fantasía,
Nieguen la realidad.
Hay acróbatas de bailes sensuales,
autómatas de servicios leales.
Hay placeres exóticos y vulgares
¿Son personas o son animales?
Piel contra piel
Buscando el alma, si no ¿qué?
No tienes tiempo, ni tienes fe.
Bastan el dinero y el poder
Y como estrellas de la función,
payasos de la pasión.
Pintadas su caras, máscara sin emoción.
Te regalan su cuerpo escondiendo el corazón.
Piel contra piel.
Buscando el alma, si no ¿qué?
No tienes tiempo, ni tienes fe.
Para querer.
Bastan el dinero y el poder.
Para querer.
Todos necesitamos algo.
Que aferrar.
Todos tenemos algo.
Que dar.
Esclavos del placer.
Ajeno y propio.
El sexo es el opio.
Que comprar y que vender.
MARÍA MAGDALENA
"Hoy voy a ser tu bella, y tú vas a ser mi bruto.
Exhibiré una máscara de luto.
Desnuda, ojos sombra y labios sangre.
Seré presa ciega para tu hambre.
Seré complaciente,
como un sueño eterno
que arde en el Infierno:
Siempre húmeda y caliente.
Rápida
Con tiempo y calma todo se nos enfría.
El movimiento, tu alma y mi mentira.
Hoy voy a ser tu puta, y tú vas a ser mi chulo.
Tienes mi coño, mi boca y mi culo.
Soy tuya, vacía en cada agujero.
No huyas, lléname con tu dinero.
Serás independiente,
como un dueño alterno
que ama a lo moderno:
Cliente seco y ausente.
Lápida
De cansado corazón hecho trizas.
Endurecido con ceniza y caliza."
LOLITA
Tú deberías llamarte Lolita
Cuántos dolores me traes, bonita
Mágica hada, diosa Afrodita
Alma de ángel con cuerpo de niña
No te haré daño, no hay quien te riña
Pero tienes que crecer
Pero tienes que aprender
Deja de llorar
Comienza a besar
Yo sé lo que te conviene
Tú deberías llamarte Lolita
Tu sexo ingenuo me aterra y me excita
Fruta inmadura, rosa marchita
Tu boca me niega, tu ojo me guiña
Te cazaré como un ave rapiña
Porque tienes que crecer
Porque tienes que aprender
Deja de llorar
Comienza a besar
Yo sé lo que te entretiene
Tú deberías llamarte Lolita
Ninfa proscrita, puta chiquita
Tú deberías llamarte Lolita
Y llámame Monstruo.
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PÁNICO
Era un miedo vírico y olía,
como sudor crecido en hienas.
No sacia, te puede;
te caza, te enferma.
Caótica estela
de mil trazas rotas.
Rodea, aboca,
trastoca, marea.
Era un miedo físico y dolía,
como fragor que prende las venas.
No arrulla, te llueve;
te aulla, te quema.
Atómica esquela
que aplasta con botas.
Jalea, provoca,
derroca, golpea.
Era un miedo fiero, tanto lo era
que espero que fuese y nunca más sea.
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EL ESPANTAPÁJAROS
No me enseñes a esperarte,
ya me ha tallado la vida,
tantas sonrisas y heridas
bajo la tierra o entorno al aire.
No soy fuerte árbol.
Soy espantapájaros.
Pies en pozo, brazos en cruz,
ahuyento cuervos y buitres
y siempre ensombrezco a la luz.
No me enseñes a encontrarte
cuando deambulo perdida,
siguiendo hilos u hormigas
enredados en ninguna parte.
No soy firme mármol.
Soy espantapájaros.
Tejida en paja me calo,
y sedimento el salitre
en mi corazón de palo.
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GUERRA
Perros.
Civilizados. Domesticados.
Piedra y hierro.
Alguien tiene que hacerlo.
El terreno.
Puro veneno.
Marcado con orina.
Eso huele.
Campos de espino y minas.
Eso duele.
Alguien tiene que hacerlo.
La consigna es disciplina:
Fidelidad y valentía.
¿Héroes? No, heroínas:
La metralla y dinamita.
La medicina:
Muere la rabia muerto el perro.
Qué gran mentira.
¿Quién es el dueño?
Perros.
Los adiestrados. Los alienados.
Los guerreros.
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AZAR
Es el dominio inconsciente.
A veces cuenta, a veces miente.
La justicia ambivalente.
Desatino y capricho,
caras o cruces.
Rescata al débil o encumbra al fuerte.
Presencia...
Ruedas y dados
siempre girando
arriba y abajo
Ausencia...
Destino en entredicho,
sombras o luces.
Concede vida u ofrece muerte.
Dios y Diablo se llaman Suerte.
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ECLIPSE
Te cantaré un conjuro, Luna incierta.
Tal como hechizas al loco, al poeta.
Tus rostros de argento viejo
esconden un falso espejo.
Ladrona de estrellas,
turbas al mar en tempesta.
Al desvelo alumbras,
lejos del día,
entre carroña y tumbas,
gélida arpía.
Usurpadora plebeya,
despiertas al hombre en bestia.
Te cantaré un embrujo, Luna muerta.
Te olvido en el sueño y te cierro mi puerta.
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ODA A LOS PODRIDOS
Yo fui víctima aciaga del vudú.
Una noche, un haitiano hechicero,
profano, déspota y carroñero,
perturbó mi paz, descanso eterno,
desterrando mi alma del Averno.
Sin voluntad, he sido su esclavo
para su cosecha, gran depravo.
Maldito brujo cruel y negrero,
tú quebraste mi santo sendero.
Hoy soy obra muerta de Belcebú.
Los vampiros, parásitos, hienas.
Las momias, arena, polvo, vendas.
Todos ellos son una leyenda.
Y yo, perro infecto de gangrena.
Lázaro abandonado por Jesús,
deambulo sin ningún derrotero
cuál apestado en el cementerio.
Me alimento de huidizos humanos
que antaño fueron mis hermanos.
Hallo el agrio recuerdo en sus sesos
mientras entierro triste sus huesos.
El purgatorio es mi cautiverio.
En mi pecho brota un agujero
y mis cuencas vacías lloran pus.
Sólo pido una oda a los podridos.
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PUNTO
Lo recito ante la ovación de un público imaginario, cuya réplica es mi propio reflejo.
Hace tiempo que no me reconozco en el espejo y aprecio nuevos matices en mi expresión.
Las ojeras han sido sustituidas por una mirada vidriosa de párpados hinchados. Ya no me sienta bien la luz, y se nota. Más que pálida, estoy grisácea. Tengo marcado en la piel el contorno de sábanas arrugadas. Mi pelo parece una madeja de lana sucia. ¿He perdido peso? Lo cierto es que ni tan siquiera me importa.
Repito.
Hola, me llamo T y soy adicta.
Muchas personas se drogan, bastantes se emborrachan. Algunas vacían hasta el cubo de la basura para llenarse la boca, y otras dilapidan su dinero en compras o en juegos de azar en busca de la riqueza.
Los hay dependientes al sexo, al amor. Los hay adeptos al dolor, a la muerte. Adictos a la estupidez. Pero tienen una cura. ¿Cuál es la mía?
Insisto.
Hola, me llamo T y soy adicta.
Lo entenderán mejor si les confieso que estoy durmiendo un promedio de 18 horas diarias. Si a eso se le llama dormir. Siempre que me hundo en la oscuridad, me pregunto cuándo volveré a despertarme. La cuestión se distorsiona entre los sueños más lúcidos. Ahora es la realidad la que me parece absurda.
Concluyo.
Hola, me llamo T y soy adicta. A la apatía, a la pereza, a la sedación, a la inconsciencia. Mi actividad onírica es más interesante que la vigilia. El estar sola y sin trabajo ha contribuido. O quizás mi personalidad antisocial e indolente. He intentado llenar el tiempo con la televisión, que me aburría hasta el sopor. No necesito más que un lugar sobre el que caerme. ¿Cuántas mantas son imprescindibles para desaparecer?
Posdata.
Adiós. Escupo mi nombre con una expiración profunda. Afuera, el mundo arde y aúlla. Aquí dentro, más allá del tuétano, todo se va apagando. Así comienza y acaba todo. Qué rápido, ¿no es cierto? ¿Cuánto ha transcurrido, unos segundos o siglos de historia repetitiva?
Me lo dirá la figura extraña junto a mis pies que roba mis pensamientos. Ha traído con ella un frío que congela el tiempo. No puedo verla ni oírla. Pero la presiento.
Si me toca, sabré que estoy soñando, y dormiré eternamente.
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UN SECUNDARIO INOPORTUNO
Se giró perpleja, y algo cayó al suelo.
-Oh, siento haberte asustado. Es que te he estado observando en la fiesta y desde que te he visto, he sabido que tenías algo especial.
Temblaba, supuse que por el frío. Me ajusté la gabardina y me acerqué a ella.
-Hoy no tengo ganas de follar con usted, gracias - me espetó.
Me frené en seco.
Aquello si que me cortó el aliento, y no la ventisca helada que soplaba en la terraza. Con una pausa dramática, saqué un cigarrillo y lo encendí. Se lo ofrecí en un gesto cómplice. Lo ignoró.
-Esto - comenté señalando las virutas de humo - sólo ha sido la excusa para salir a tu encuentro.
Continuaba tan callada como una muerta. Ahora sé que aquella era la mejor estrategia disuasoria.
-Vaya, veo que te has quedado muda. - empezaba a aburrirme.
-Es que me estás jodiendo la noche.
Touché.
-Puta - le increpé entre dientes.
Su expresión, imperturbable, se torció en un guiño involuntario. Había conseguido ponerla en su lugar.
Mi pie chocó contra algo.
-Por cierto - le dije mientras me agachaba a recogerlo - Se te ha caído tu consolador.
En efecto era metálico y alargado. A la luz de la luna, la sangre de su filo resplandeció.
Luego, me nubló la vista mientras me desplomaba bajo un golpe contundente en la cabeza.
La chica me arrastró de los pies farfullando maldiciones. Mi pequeño viaje terminó junto a otro cuerpo escondido tras unas macetas de jazmín.
-Te presento a mi novio - rió al fin.
Por último tomó el engañoso cuchillo y me seccionó la yugular.
No me preguntéis cómo acaba la historia.
Está claro que en ella yo sólo fui un secundario inoportuno.
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LÍQUIDO
Ni niños, ni ancianos.
Ni animales, ni vegetales.
Ni dolor, ni muertos.
Ni siquiera la vida.
Ninguna de esas cosas la excitaba.
Lo suyo, más que inhumano, era casi inorgánico.
Muchas mujeres se masturban durante su aseo.
La intimidad, la higiene y la relajación son alicientes muy apetecibles.
Quizás como rito místico de purificación.
Puede que como regreso al vientre materno.
Tal vez porque cuerpo y alma se componían de ella.
Pero Nerea deseaba al agua.
Tanto que el febril anhelo nunca la prendió por dentro.
Sólo era un torrente, una marea, ni hielo ni fuego.
Líquido.
Y siempre en soledad, Nerea se entregaba a su amante.
La bañera contenía el caudal parsimonioso. Nerea cerraba los ojos y se sumergía en lo profundo, queriendo fundir sus entrañas poseídas.
El agua era océano, lluvia. Una lengua que la lamía ávidamente, saciando su sed.
Su interior se calaba mientras el placer la recorría a oleadas, hasta que le faltaba el aire, y tenía que abrir la boca, pero sólo podía jadear, gemir, gritar. Ardía el agua, el oxígeno se condensaba.
Entonces la tormenta amainaba y el vapor se desvanecía. Nerea se humedecía los labios, dejando que cada gota la colmara como a una sirena. Pero ella no cantaba, y el silencio era su secreto.
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METÁFORA ETÍLICA
Yo las atraigo embriagadas entre cristales empañados de alcohol.
Quiero enturbiar mis ojos con otro charco que no sean las lágrimas.
Las aspiro y las bebo. Su crepitar agrio se arrastra a calambres.
Goteo azúcar desde la punta de la lengua hasta el tuétano.
Arde. Duele. Escuece. Pica. Cosquillea. Nada.
Finalmente, sólo nada.
Las hormigas se han comido mis sentidos.
Corretean en el vacío de mi cuerpo y sus ecos retumban.
Algo va mal.
Puede que después de todo no fueran hormigas.
Puede que fueran larvas de abeja.
Ahora un enjambre vibra ruidosamente en mi cabeza.
La jalea se descompone en un vómito incontenible.
Quieren salir y me picotean incesantemente.
Se me inflama la garganta y sólo consigo barbotear.
No hay oxígeno para todos. Mi mente se confunde.
¿Estoy soñando? ¿Estoy muerta?
Salgo. El aire frío las anestesiará. La nieve helada me quema los pies.
No parece suficiente.
Las abejas enloquecen y emprenden el vuelo conmigo a rastras.
Lucho a trastabillas.
Ya no controlo mis brazos y mis piernas, caigo irremediablemente.
Lo último que pienso, a 10 metros del suelo, es que el cemento destrozará mi cráneo y las liberará.
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POR EL BIEN DE LEAH
Su mamá se lo explica un poco rara, con lágrimas en los ojos y una sonrisa al mismo tiempo:
-Papá y mamá se quieren. Pero no se llevan bien. Se pelean mucho y se ponen tristes. ¿Tú también te pones triste, verdad?
-Sí- contesta Leah.
-Por eso cada uno va a vivir en una casa distinta, y tu te quedarás con mamá. Pero seguirás llamando a papá, y viéndolo todas las semanas. Incluso algunas veces, pasaréis juntos días enteros.
Leah hace pucheros.
-Papá y mamá quieren lo mejor para tí. Que tú tampoco te pongas triste cuando nosotros nos enfadamos. Es por tu bien.
Leah asiente.
La mamá de Leah sabe que la niña tiene miedo. Si su papá se va,¿ cómo va a cuidarla de la misma manera? Leah, además, siente que tiene que escoger. Que en todas las peleas hay un bueno y hay un malo. Por eso la mamá de Leah entiende que Leah no quiera ir a pasar el fin de semana con su papá. No quiere dejar a mamá sola. Quizás entonces se marche ella también.
-No te preocupes por mí- dice mamá mostrándose feliz.-Yo estaré aquí esperándote.
Cuando Leah está en casa de papá, le cuesta dormir por las noches. Al hablar con mamá, le cuenta que hay un monstruo que la vigila en su dormitorio.
-¿Y dónde se esconde el monstruo? - le pregunta mamá.
-No lo sé. Está oscuro.
-¿Entonces, como lo ves?
-No lo veo, pero sé que existe.
-Cariño. Los monstruos no existen. Y aunque haya personas malas, papá y mamá nunca van a dejar que te pase nada porque siempre cuidarán de tí. Papá y mamá te quieren, y hacen las cosas por tu bien.
Leah vuelve a asentir.
Por la noche, Leah se arropa con las sábanas cubriendo todo su cuerpo. Los muñecos, a sus pies, la protegen. Piensa en cosas bonitas antes de dormir, como le ha dicho mamá. Papá la besa en la frente y le desea dulces sueños. No cierra la puerta para que Leah sepa que está muy cerca de ella. Leah cierra los ojos. Las horas pasan.
Leah nota como las sábanas se apartan suavemente. Se abraza a su osito de peluche y se intenta despertar de la pesadilla. Pero como está muy cansada, sigue durmiendo. Porque algo la toca.
Desliza sus dedos entre los cabellos de Leah, y va haciéndose hueco hacia abajo. Aprieta su hombro. Pellizca sus pezones. Se pega a su barriga. Y se para en su cosita de niña. Toca. No le hace daño. Por eso debe ser una pesadilla. Leah sigue cerrando fuertemente los ojos. Debería abrirlos, y todo pasaría.
El monstruo gruñe. Leah no sabe si quiere hablarle y no puede, porque hace ruidos extraños, respirando muy fuerte hasta que grita un poquito. Entonces, Leah se despierta y abre los ojos.
A su lado está papá, que se sube los pantalones de su pijama. La vuelve a besar en la frente.
-Te quiero- le dice. Y se va de su habitación.
Leah no entiende lo que pasa. Y le asusta. Pero sabe que papá la cuidará siempre. Y que hará todo por su bien.
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LA GARGANTA DENTADA
Y todo por matar a un perro. Lo que yo había hecho carecía de sentido, y por consiguiente, de disculpa alguna. ¿Quién se atrevía a dañar al mejor amigo del hombre? Un simpático cánido, que nos entretenía con sus travesuras y nos enternecía con su lealtad. La gente adoraba a esos animales. Y lo cierto es que yo también. Entonces, ¿por qué? Ah, calamidad. Como todas las historias, ésta tiene un comienzo.
Siempre me consideré un hombre recto y cabal. Mi talante era gentil a la par que emprendedor, por lo que desde mi infancia fui muy querido y respetado. Estudié, trabajé y formé una familia ejemplar. Nuestro Señor me acompañaba en la senda de la vida.
Sin embargo, una mañana fatal, paseaba yo despreocupadamente por la vía cuando escuché a mi espalda un jadeo itinerante. Me volteé contrariado, y allí estaba un perro de pelo hisurto, ojos blanquecinos y hedor parasitario. Aquella escena me trastocó por completo. De toda la fauna que habitaba en la transitada ciudad, hubiese preferido que mi encuentro se concertase con una paloma, una rata o una cucaracha. Pero el viejo saco de huesos que me escudriañaba con asombrosa impertinencia me sobrecogió. Su mirada vacía, su pestilencia reptante. ¿Acaso Cancerbero había extraviado sus otras cabezas? Porque aquel perro parecía venido del más profundo Averno.
Como aquel que contempla el horror y requiere aferrarse a la cordura, decidí continuar con mi travesía ignorando el aciago presentimiento que me asolaba. Y entonces me percaté con espanto de que el terrible can me perseguía. ¿Deliraba mi alma atormentada? Lo deseé con todo mi corazón, cuyo pálpito se asemejaba al estertor desesperado de la muerte. Me detuve y mi ansia recorrió furtivamente las calles en busca del amo que poseía a dicha bestia.
Pero me hallé solo. De forma repentina y demencial, la urbe me mostraba un panorama de abandono comparable a la desolación que zarandeó mi espíritu. ¿Qué estaba sucediendo? Mis pasos me empujaron a una frenética carrera cuando súbitamente intuí que el perro no me iba a la zaga. ¿Se habría desvanecido la dantesca visión que me acometía? Contuve el aliento al comprender que el maldito animal estaba ante mí y se arrastraba, soberbio y parsimonioso, como el mentor que guía a su discípulo.
Me aventuré a seguirlo, hipnotizado por su cadencia tortuosa y el desconcierto que aboca a la locura. Ah, iluso y desdichado de mí, que preferí su incierta compañía al limbo que era la ciudad por obra de algún demonio. Los edificios se sucedían fantasmales y los pájaros habían cesado su trino. Las sombras se cernieron sobre mí cuando nos adrentramos en un estrecho callejón, franqueado por ventanas cerradas y nubes plomizas. La luz se descompuso en apagados colores al proyectarse sobre un charco de agua sucia. Y aquel haz bastó para relampaguear en mi aturdida mente, que despertó a una verdad no menos lóbrega.
El perro se abalanzó sobre mí con inusitada fiereza, y me derrumbó en un forcejeo brutal que me dejó varios mordiscos. Logré someterlo con tantos golpes como pude propinarle, primero vacilantes, a lo último, mecánicos. Mis manos se quebraron con su cráneo, el dolor me desgarraba, pero no me detuve hasta que sus ojos se tornaron oscura sangre que enturbió también los míos. Un éxtasis dionisíaco se apoderó de mí porque ni tan siquiera me perturbaron los gritos de los testigos que presenciaron mi crimen, tan sólo anhelaba acallar el llanto de la bestia. Una bestia que finalmente se reveló como un lobo ciego, sordo y moribundo.
Qué tamaña aberración había cometido. Antes de que todos me dieran la espalda, pude ver en sus rostros el rubor de la vergüenza ajena y el reproche.
Mi esposa me abandonó, mis hijos me olvidaron. Descuidé mi empleo y me retiré a los bosques que circundaban las afueras de la ciudad, donde mi lumbre eran las estrellas y mi compañía, las cicatrices. Opté por ser temido a ser recluido en un manicomio.
Porque ¿hubieran creído mi maldición, el lobezno aullido a la luna que desde entonces, cada noche, brota de mi garganta dentada?
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MITOLOGÍA
ARACNE
Necia Aracnea.
Bordadora de mil gracias,
tu talento te envenena.
Con soberbio señorío,
la Tejedora se jacta
mientras hábilmente hila,
y la verdad la zarandea.
Pues está retando a Atenea,
torpe y díscola pupila.
Con la regia Diosa pacta
un tapiz, un desafío.
Hoy su arte es su condena.
En su red vuela acrobacias
como triste viuda negra.
CASANDRA
¡Ah, Casandra, la ingenua princesa!
Apolo no regala, corteja.
El dios caprichoso te embelesa
mientras en su oscuro anhelo ceja.
Tú codiciaste su miel de abeja,
olvidando su tortuoso aguijón.
Así descuidaste tu promesa,
y hoy tu don es una gran maldición.
Ignorar tu profecía añeja
es para Príamo la destrucción.
Frente Atena, Áyax carnal te veja,
y tu pena es ver arder Ilión.
PERSÉFONE
Yo era frágil flor de un día,
tenue pétalo de seda.
Don marchito de agonía,
cuya esencia en halo queda.
Mas gritó mi compañía:
"Corre, huye mientras puedas"
Y apareciste tú.
La opaca luz.
Me atrajiste a tu vereda,
pues tu alba era fría.
En tu hiedra enredadera
me tomaste y prometías:
"Con mi dulce manto heredas
mi tortuosa travesía"
Me llevaste a la Tierra
donde el recuerdo hiberna
cuando toda alma quiebra
y deambula siempre eterna.
Yo te amo, y aún me dices,
por tus hondas cicatrices:
"Cree la Vida que te encierro
mi gran Doncella de Hierro"
Y yo prefiero ser tu Reina,
que de un torpe dios la sierva.
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EL AMOR
AROMA
Tu seda tibia
emana para mí
el halo de un deseo.
Porque bien me inspira el vuelo
y tan cerca de ti,
mi estrella nívea.
Fugaz envidia
corre traviesa, aquí,
entre mis dedos ciegos.
Pues me cazas, no te tengo,
embriagándome, sí
mi eterna orquídea.
SINFONÍA
Bailar, mecerme en tu boca,
ese es mi único hogar
donde tu alma cante
cinco notas,no más
para ser real
en tí.
Latir
sin ningún final,
al tempo, tu compás,
como el instante.
Y a tu susurro escuchar
que es tu vida quien me toca.
ÚNICO
Aprecié bellezas esculturales,
rígidas estatuas de frágiles cristales
talladas como piedras, todas iguales.
Tus labios, en cambio, me acarician.
Escuché discursos intelectuales
de maestros que imparten buenos modales
porque saben, no aprenden, todos banales.
Tus historias, en cambio, me fascinan.
Contemplé a poderosos con grandes caudales
vendiendo su alma por cosas mortales.
Se creen que son dioses y son animales.
Tus ofrendas, en cambio, me subliman.
Te escogí.
A ti.
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MADRE MUERTE
INOCENCIA
Hoy deseo evocar
el rumor del mar,
la pureza de la arena,
sin fosos ni cadenas.
Te podían guiar
la Estrella Polar,
o el cantar de las sirenas:
cosas malas, cosas buenas.
No sabía dubitar
ni horizontes atisbar.
La lección era sincera:
Blanco llueve, Negro truena.
Y calcinándome en la sal
aprendí a naufragar.
Conocí a la Gangrena,
fui manjar de las hienas.
Por quererme aventurar
y al destino retar,
cumpliré la penitencia,
pobre y débil Inocencia.
CÁNCER
Entre mis huesos y mi pellejo
no avanza hacia atrás, sino adentro, un cangrejo.
La plaga se extiende, se acerca el momento.
Lejos, muy lejos.
Me estoy comiendo.
Y así sigo creciendo.
Me estoy pudriendo.
Y así sigo creciendo.
Mis ojos parecen opacos espejos.
Mi carne se abre en brotes bermejos.
No queda rincón para mi aliento.
Lejos, muy lejos
Me estoy comiendo.
Y así sigo creciendo.
Me estoy pudriendo.
Y así sigo creciendo.
La muerte es su amante, empieza el cortejo.
Se toman su tiempo, y solos los dejo.
Mi voz y mis sueños se prenden del viento.
Lejos muy lejos.
Me estoy comiendo.
Y así sigo creciendo.
Me estoy pudriendo.
Y así sigo creciendo.
VICTORIA
Y el día en que me vaya,
puños prietos, frente alta,
quieto el cuerpo, el alma salta
cuando acaba la batalla.
Y el día en que me vaya,
queme el trueno, ahogue el agua,
las cenizas sí se lavan
porque la tormenta estalla.
Y el día en que me vaya,
un ocaso, o bien, un alba,
es la risa quien me salva
conquistando la atalaya.
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ANOREXIA
LA BELLEZA
Es la Diosa,
religión arcana.
Poderosa.
Y la esperanza profana.
Oficio de la naturaleza.
Suplicio, sí, de aquel que la fuerza.
Es la Diosa
que peca de humana.
Caprichosa.
Y vanidosa tirana.
La dulce
indulgencia
que induce,
es apariencia,
y ciega
a los ojos cojos donde
bien se refleja.
Que los despojos la ronden,
y se haga vieja.
Que muera.
LA OBSESIÓN
Mi mente, una mandrágora.
En parte planta:
Germina en la voluntad,
la enreda la tierra.
Se calla.
La arrancas
y sangra.
Control.
En parte humana:
La nutre la libertad,
la eleva la hiedra.
Estalla.
Rebrota
ya rota.
Obsesión
LA ENFERMEDAD
Tan ligera y flotar, sin cansarte.
Deseas ser como espuma de mar.
Por eso te alimentas del aire.
Para ser sílfide has de pagar.
ESTRIBILLO:
"Sabes que ya es demasiado tarde,
que las sílfides han de volar.
Sólo espero que Dios te aguarde
en tu viaje a ningún lugar."
Día y noche te vigila el hambre,
y tu alma intenta escapar.
Quieres huir de tu cárcel de carne.
Para ser sílfide has de pagar.
ESTRIBILLO
Te ves y sólo eres un fraude.
Ya no hay lágrimas que derramar.
Has secado tu llanto y tu sangre.
Es el precio que has de pagar.
ESTRIBILLO
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DEPRESIÓN
EL POZO
Me tragó la garganta empedrada
y quise volar como el grito
hasta las nubes, divino candor.
Imposible escapar con la espada
sin caer en el gesto contrito
de quien aprende lo que es el horror.
En el pozo
En el pozo
El poso del llanto me ahogó en la nada
y en cada rincón estaba escrito
lo que nos hunde en lo oscuro, el dolor.
Imposible escapar con la espada
sin caer en el gesto contrito
de quien aprende lo que es el horror.
En el pozo
En el pozo
EL CALLEJÓN DE LA LOCURA
Dime si has visitado el callejón de la locura.
Allí la realidad tiene matices y fisuras.
Las cosas nunca son, sólo parecen, todo es duda.
La oscuridad te observa y el silencio te susurra.
Dime si has visitado el callejón de la locura.
Las paredes te abrazan mientras se abren en ranuras
filtrando y escupiéndote belleza y basura.
Tu carne se desgarra hasta dejar tu alma desnuda.
Dime si has visitado el callejón de la locura
El tiempo se detiene prolongando tu tortura.
Crees que te salvarás si te aferras a la cordura
pero tienes la llave y tú eres la cerradura.
SUI CADERE
Mírala:
Tan rota, tan triste, tan sucia.
Bajo el yugo se derrumba,
efigie de estoicidad.
Abre caminos al dolor,
pues se estancan sus lágrimas,
y con la sangre de su amor,
lava y sana las máculas.
Mírala:
Tan fuerte, tan sabia, tan digna.
Padeciendo sus estigmas,
porte de santidad.
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PASIÓN GÓTICA
BESO DE ÍNCUBO
Múerdeme.
Quiebra mi piel
con la hiel que enebra
tu boca de íncubo.
Un beso penetrante
acuciante hasta el hueso.
Que mi sangre y tu sed
sean un torrente
atrapado en la red
de tormenta candente.
Cómeme.
Devora mi miel,
pues tu fiel añora
tu eterno vínculo.
ÁNGEL CAÍDO
Te erigí en un pedestal
que hoy se agrieta y se hace añicos.
Te llegué a idolatrar,
y sin embargo hoy te maldigo.
ESTRIBILLO:
"Ahora ya puedes llorar.
Eres tú quien te has hundido.
Ahora ya puedes gritar.
Eres un ángel caído"
Me enseñaste a volar
para lanzarme al vacío.
Me pediste confiar
y perdí la fe contigo.
Creí que me ibas a salvar,
pero has sido mi castigo.
Creí que esto era inmortal,
pero tú lo has corrompido.
ESTRIBILLO
¿Cómo puedes traicionar
a quien tanto te ha querido?
Nada consigue expiar
tus pecados cometidos.
Es inútil suplicar.
Tu tiempo se ha consumido.
Sabes que te he de enterrar
y tu altar será tu nicho.
ESTRIBILLO X 2
PLEGARIA A LA OSCURIDAD
No juzgas, eres testigo,
dama muda, sorda y ciega.
Nunca asientes, nunca niegas;
quédate, por hoy, conmigo.
Las lágrimas fluyen.
Los suspiros vuelan.
Los temores huyen.
La esperanza llega.
Con las sombras de tu abrigo
me abrazas y consuelas.
Es la luz la que desvela
todo sueño que persigo.
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7 PECADOS CAPITALES
LUJURIA
Quiero
colmar los agujeros.
Con Eros,
adoro al niño fiero.
Te juzgo y te juego,
agua contra fuego.
Te ordeno y te niego,
uso contra apego.
pero
pero
Nunca ruego...
Anhelo
tu agrio caramelo.
Lo huelo:
tu y yo, objeto en celo.
Rasgamos los velos,
las bocas al vuelo.
Del suelo hasta el cielo,
fluidez por el hielo.
pero
pero
Nunca consuelo...
GULA
No hay pecado más obsceno
dilatado y orondo,
que un estómago lleno
como un pozo sin fondo.
Ése cuya tripa grita
codicia canibalesca.
Ése que se regurgita
en lujuria carnivalesca.
Harto de manjares y licores
devora el alma hecha carne
en el frenesí de mil sabores,
esclavo eterno del hambre.
AVARICIA
Mío.
Lo quiero todo.
El dinero, la sangre y el lodo.
El fin justifica el modo.
Busco y cazo en los recodos
la basura y el tesoro.
Lo compro y lo robo.
Mi aliento es de oro.
Lo tengo y devoro.
Me lleno, me ahogo.
Lo quiero todo.
Mío.
PEREZA
Cerré los ojos a la luz del día
pues era tenue, lejana y fría.
Para vivir un ensueño
dentro de mi madriguera.
Que marche el invierno
y llegue la primavera.
Y así viví.
Tan callada, tan quieta...
Fluyó el reposo, liviana guía,
y sentí en mi seno la agonía.
De quien delega el dueño
y escoge su frontera.
En el limbo eterno
porque siempre espera.
Y así yací.
Tan vacía, tan muerta...
IRA
Dientes.
Se afilan devorándome
hasta morderte.
Piedad, apiádate de mí.
Eso es odio.
Caliente.
No olvidar.
Pues soy pasado.
Sino sanar.
Pues soy futuro.
Ya sabes: es tan duro
sangrar sin ser tocado...
Serpientes.
Suspiran intoxicándome
hasta corroerte.
Piedad, apiádate de mí.
Eso es odio.
Caliente.
ENVIDIA
Tu color es el despecho,
el verde ayer del pantano.
Nunca satisfecho,
fútil pecado.
Herido el porte maltrecho;
la culpa en el hombro encorvado.
Crece el llanto, el lecho,
donde yace el orgullo en vano.
Siempre al acecho,
de lo ansiado.
SOBERBIA
Yo mayúsculo.
Ego superlativo.
Pavos del crepúsculo
encerrados en su ombligo.
Plumaje ridículo
trenzado de narcisos.
Torpe vehículo
de amor primitivo.
Concéntricos círculos
hundiéndose en el olvido.
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