Me gusta la vida adormecida
que me aguarda en la flora temprana,
la paciencia de una semilla al despertarse
y el desperezar de los brotes bajo la luz.
A menudo busco la ruta silvestre de las calles
para pasear entre los árboles, sus centinelas silentes.
Se quiebran y caen porque se alzan solemnes.
¿Cuántos recuerdos, cuántos secretos guardan?
Sus doseles verdes difuminando clarioscuros,
sus hojas susurrando junto al viento,
y su tapiz ambarino tras la marcha del sol
me mecen en un sueño de plácida nostalgia.
Me gusta la vida adormecida
que me aguarda en la flora madura
la dulzura de la pulpa al macerarse
y el cortejar de los insectos bajo la luz.
A menudo busco la senda divina de las hespérides
para yacer entre dríadas, sus espíritus custodios.
Sucumben al acero y al fuego porque resisten recias
¿Cuántas heridas, cuántas lágrimas esconden?
Pues algo impetuoso persevera en el abrazo de la hiedra.
Algo provocador late en la fragancia del jazmín.
Una estoicidad admirable grita en el dolor del abeto.
Un arrojo entrañable se jacta en la espina de la rosa.
Me gusta la vida adormecida
que me aguarda en la flora tardía,
la tenacidad de una raíz al aferrarse
y el languidecer de los pétalos bajo la luz.
CRIANDO MALVAS.
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Etiquetas: Poemas
TESTAMENTO
Nunca bailé entre marionetas de papel
Ningún hilo tensado perpetuaba mi equilibrio
El vaivén de las peonzas sin cordel
es mi inercia inerte, mi rumbo y mi extravío
Funambulista en un pozo sin brocal
los brazos distales, los pies muy juntos
voy cerrando el vórtice abisal
Me colapso en un punt.
Publicado por Loth 1 comentarios
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